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# "LOS DEFENSORES DE EPSYLON" (XVII)



Este obra cuyo autor es Sergio Cobos Arco está bajo una licencia de Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.


#”LOS DEFENSORES DE EPSYLON” (XVII)

Publicado: 17 de agosto de 2015 em Sem categoria
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#perefkt!!!
IV-5-14 :LA GUERRA HA COMENZADO!!!:
#warjustbegunxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
War against the machine has just begun!!! The Resistance Continues….Hehe!!!.
La Guerra contra La Máquina acaba de empezar!!.La Resistencia Continúa!!!
#pielyadianusxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Los Pleyadianos han vuelto!!!…Hehe!!!.
“(…)la raza lemuriana, la primera raza estrictamente humana, empezó a existir; cuando el aspecto mente empezó a emerger, y la dualidad de la humanidad se volvió un hecho en la naturaleza.
La raza lemuriana fue la tercera raza; y este trabajo que Hércules simbólicamente emprendió, es el tercer trabajo.”Los trabajos de Hércules”, Alice Bailey,pag.50
Ahora algunos datos antropológicos y etnológicos que pueden arrojarnos luz en el lugar de la narración en la que nos encontramos, aun no siendo Zacharias Sitchin, ni Barbara Marciniack, ni canalizadores oficiales de ninguna entidad o grupo de entidades, podemos decir que la Astrología fue creada como forma de navegar entre las estrellas, y que ese conocimiento exotérico tenía un componente altamente implosivo, esotérico, enriquecido por auqella entidades ahora perfectamente enmarcadas en tal o cual constelación ,o no?,veamos :
ARIES:

1.”Y la palabra dijo: Que la forma sea buscada nuevamente”.
2.”Surjo, y desde el plano de la mente, rijo”.
Constelaciones de Aries:
1ªConstelación de Casiopea, “la Reina Entronizada”, siempre el símbolo de la materia.
2ª Constelación de la Ballena, el Monstruo del Mar, el Enemigo de los Peces Pequeños..
3ª Constelación de Perseo es la tercera de las tres constela­ciones, llamado en el zodíaco de Dederah, en Egipto, “el que somete” llamado a veces, “el quebrantador”, aquel que puede encadenar a la mujer entronizada, y que puede conquistar al monstruo.
TAURO:

(Notas claves de Tauro:
1.”Que la lucha sea perseverante”.
2.”Veo, y cuando el ojo está abierto, todo es luz”.
#vincentpapalexxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Dedicada esta sección del Libro al jugador de Futbol Americano, Vincent Papale ,jugador de los Eagles de Philadelphia entre 1976-1979, por ser realmente invencible!!….hehe!!!!.
Constelaciones de Tauro:
El “ojo del toro” en Tauro, la magnífica estrella fija, Aldebarán, es una de las razones por las cuales se considera a esta constelación, como confiriendo iluminación. Antiguamente era Ramada la estrella guía de los cielos, y Tauro ha sido siempre relacionado con la luz.
“Del cielo se habla místicamente como del Templo, y la conciencia eterna de Dios. Su altar es el sol, cuyos cuatro brazos o rayos representan las cuatro esquinas de la cruz cardinal del universo, que han llegado a ser los cuatro signos fijos del zodíaco, y como los cuatros signos de poderosos animales sagrados, son a la vez cósmicos y espirituales, ellos representan los elementos básicos asemejándose a nuestros principios humanos. El signo de Leo representa el fuego o el espíritu; Tauro, la tierra o el cuerpo; Acuario, el aire o la mente; y Escorpio representa el agua asemejándose al alma. Leo, como el león, es la fuerza de la naturaleza inferior, y es la serpiente de la fuerza, que vence si es dirigida hacia arriba. Tauro, el toro, es siempre el símbolo de la fuerza creativa. Acuario, el hombre, es el que trae la luz o portador de la luz. Escorpio, el escorpión, es a menudo transmutado en Aquila, el águila… que se levanta al mismo tiempo que Escorpio; están estrechamente ligados en simbolismo. Escorpio es “el monstruo de la oscuridad”, que pica hasta la muerte, y sin embargo se mantiene, y reproduce, simbolizando no sólo generación sino regeneración. Como este Aquila, el águila, el pájaro del sol que ha conquistado el lado oscuro de Escorpio (ese adversario que puede arrastrar al hom­bre más bajo que las bestias), pero cuando es transmutada es el águila de la luz, que puede elevarse por encima de los dioses”.
El Barco Celestial del Norte, Vol. 1. (E. V. Straiton).
Hemos visto que en este signo se encuentran Las Pléyades, entre ellas Alcione, llamada el sol central de nuestro universo, y alrededor de ella gira nuestro sol, con sus planetas acompañantes. Las palabras de Job cuando dijo: “No puedes impedir la dulce influencia de Las Pléyades o soltar el lazo de Orión”, así se vuelven claras. Las Pléyades son el símbolo del alma alrededor de la cual gira la rueda de la vida.
Es interesante descubrir asimismo, en Tauro, la triplicidad que es constantemente recurrente en la ciencia astronómica y en la mitología: Tauro, representando la forma y el atractivo influjo de la materia; Las Pléyades, representando el alma y el vasto ciclo recurrente de la experiencia; y, entre las siete Pléyades*(1), la Pléyade Perdida (pues sólo seis son visibles) un símbolo del oscurecimiento del espíritu, mientras el alma, a través del deseo, toma un cuerpo. Las tres constelaciones conectadas con este signo son Orión, Erídano y El Auriga; y la naturaleza del trabajo en Tauro es hermosamente pronosticada por las tres imágenes en los cielos que ellas nos representan. El antiguo nombre de Orión era “Los Tres Reyes”, a causa de las tres hermosas estrellas que se encuentran en el cinturón de Orión. Los Tres Reyes representan los tres aspectos divinos de Voluntad, Amor e Inteligencia, y Orión, por lo tanto, simboliza el espíritu. El nombre Orión significa literalmente “La irrupción de la luz”.La segunda constelación conectada con este signo es un inmenso río de estrellas, que fluye desde abajo de los pies de Orión. Es llamado Erídano, o el “Río del Juez”, y es un símbolo del río de la vida, llevando las almas a la encarnación, donde ellas aprenden el significado de las palabras, “según lo que el hombre siembra, así cosechará”, y donde emprenden la estupenda tarea de lograr su propia salvación. Así como Orión simboliza el aspecto espíritu, Erídano se relaciona con el aspecto de tomar forma y sostiene delante de nosotros el pensamiento de la encarnación; mientras que la tercera constelación, El Auriga, es el cochero, avanzando hacia nuevas tierras y así simbolizando el alma.
GÉMINIS:
Géminis tiene en ella dos estrellas, llamadas por los griegos, Cástor y Pólux, o los Gemelos. Estas personifican a dos grupos mayores de estrellas, las Siete Pléyades, y las Siete Estrellas de la Osa Mayor, que son las dos constelaciones en el norte alrededor de las cuales nuestro universo parece girar. Una estrella representa cada constelación. Desde el punto de vista del esoterismo, el gran misterio de Dios encarnado en la materia, y la crucifixión del Cristo Cósmico sobre la cruz de la materia, está vinculada con la relación (que se presume que existe desde los tiempos más antiguos) entre las estrellas de las Pléyades y las de la Osa Mayor. Estos dos grupos de estrellas representan a Dios, el macrocosmos, mientras que en Géminis, Cástor y Pólux eran vistas como símbolos del hombre, el microcosmos. Eran también llamadas Apolo y Hércules: Apolo, significando el soberano, el Dios Sol; y Hércules, “aquél que viene a trabajar”. Ellos representan, por lo tanto, los dos aspectos de la naturaleza del hombre, el alma y la personalidad, el hombre espiritual y el ser humano a través del cual esa entidad espiritual está funcionando: Cristo encarnado en la materia, Dios trabajando a través de la forma.
Cástor era considerado como mortal y Pólux como inmortal. Es un hecho astronómico interesante que la estrella Cástor está disminuyendo en fulgor y no tiene la luz que tenía hace varios años; mientras que Pólux, el hermano inmortal, está aumentando en brillantez y eclipsando a su hermano, haciendo presente uno de los dichos de Juan el Bautista, expresado mientras miraba a Cristo, “él debe crecer pero yo debo decrecer”. (Evang. San Juan, III, 30). Así tenemos a la constelación más significativa, porque ella sostiene siempre ante los ojos del hombre, el pensamiento de la potencia creciente de la vida espiritual y del poder decreciente del yo personal. La historia del crecimiento del hombre hacia la madurez y la del gradualmente creciente control del alma, nos es revelada en la constelación de Géminis.
En el antiguo zodíaco de Denderah, este signo es llamado “El lugar de Aquel que viene”, y el pensamiento de un Ser espiritual que emerge es sostenido ante nosotros. Es representado por dos figuras, una masculina, otra femenina; una lo positivo, el aspecto espíritu, y la otra, lo negativo, el aspecto materia. Los nombres copto y hebreo significan “unidos”.
La dualidad que es enfatizada en Géminis se presenta en gran cantidad de historias mitológicas. Nos encontramos de nuevo a los mismos hermanos en Rómulo y Remo, por ejemplo, y en Caín y Abel, un hermano muriendo y el otro viviendo. Encontramos el símbolo astrológico para Géminis en los dos pilares de la masonería, y muchos creen que la tradición masónica podría, si tuviéramos el poder de hacerlo, ser rastreada hasta ese período, anterior a la era de Tauro, cuando el sol estaba en Géminis, y hasta ese gran ciclo en el cual la raza lemuriana, la primera raza estrictamente humana, empezó a existir; cuando el aspecto mente empezó a emerger, y la dualidad de la humanidad se volvió un hecho en la naturaleza.
Las tres constelaciones que se encuentran en conexión con el signo son Lepus, la liebre, el Can Mayor y el Can Menor, y en su interrelación y su asociación de éstas con Hércules, el aspirante, la historia completa del ser humano, estaba de nuevo notablemente descrita. En el Can Mayor encontramos a Sirio, la Estrella Perro, llamada en muchos libros antiguos “el conduc­tor de toda la hueste celestial”, pues es diez o doce veces más brillante que cualquier otra estrella de primera magnitud. Sirio ha sido siempre asociada con el gran calor, de ahí tenemos la frase de “los días de perro” en medio del verano, cuando se supone que hace el mayor calor. Desde el punto de vista ocultista, Sirio es de profunda significación. “Nuestro Dios es un fuego consumidor”, y Sirio es el símbolo del alma universal como así también del alma individual. Es, por consiguiente, esotéricamente considerada, la estrella de la iniciación. En el lenguaje de la simbología se nos dice, que llega un momento en que una estrella resplandece delante del iniciado, significando la realización de su identidad con el alma universal, y a ésta, él la vislumbra repentinamente por medio de su propia alma, su propia estrella. En el zodíaco de Denderah, esta estrella es llamada Simios, la cabeza. Se nos dice (en el apéndice, p. 1518, de la Biblia Compañera) que la estrella más brillante en el Can Mayor es Sirio, el Príncipe, llamado en persa, El Jefe. Hay otras tres estrella en la misma constelación: una llamada “el anunciador”, otra “la resplandeciente”, y la tercera “la gloriosa”, todas estas frases ponen de relieve la magnificencia del Can Mayor y, esotéricamente, la maravilla y la gloria del yo superior.
En el Can Menor, el “más débil”, el mismo escrito nos relata que el nombre de la estrella más brillante significa “redentor”, que la que le sigue en brillo es “el portador de la carga” o “el que soporta por los demás”. Tenemos, por consiguiente, en el significado de estos dos nombres, una representación de Hércules, a medida que logra su propia salvación y mientras soporta la gran carga de Atlas y aprende el significado del servicio.
Lepus, la fiebre, asociada con estas dos constelaciones, contiene una estrella del más intenso color carmesí, casi como una gota de sangre. El rojo es siempre el símbolo del deseo por las cosas materiales. En el zodíaco de Denderah, el nombre dado es Bashtibeki, que significa “caída maldita”. Aratus, escribiendo cerca de 250 años A.C., habla de Lepus como siendo “eternamente perseguida”, y es interesante notar que los nombres hebreos de algunas de las estrellas encontradas en esta constelación significan “el enemigo de Aquel que viene”, que es el significado del nombre de la estrella más brillante, Arneb; mientras que otras tres estrellas tienen nombres que significan “el loco”, “el amarrado”, “el engañador”. Todas estas palabras son características del yo inferior perseguido eternamente por el yo superior; el alma humana perseguida por el Sabueso del Cielo.
Cuando miramos los cielos estrellados en la noche y ubicamos a Sirio, la Estrella Perro, la historia de nuestro pasado, presente y futuro está dramáticamente representada. Tenemos la historia de nuestro pasado en Lepus, la Liebre, de pies veloces, engañada, loca, amarrada a la rueda de la vida, identificada con el aspecto materia, y siempre la enemiga de “El Príncipe que Viene”. En el Can Menor, tenemos la historia del aspirante, de nuestra suerte presente. Morando dentro nuestro está el gobernante interior, la divinidad oculta, el redentor. Nosotros salimos victoriosos y a triunfar, pero tenemos que hacerlo como el discípulo agobiado, soportando por otros y sirviendo. En el Can Mayor tenemos representado nuestro futuro y una consuma­ción, gloriosa más allá de toda presente realización.
CANCER:

En el zodíaco de Denderah, el signo Cáncer está representado por un coleóptero, llamado en Egipto, el escarabajo. La palabra “escarabajo” signi­fica “unigénito”; se halla por lo tanto, por el nacimiento, dentro de la encarnación, o en relación al aspirante, por el nuevo nacimiento. El mes de junio era llamado en el antiguo Egipto “meore”, que significa asimismo “renacimiento”, y así ambos, el signo y el nombre, sostienen firmemente ante nosotros el pensamiento del apoderarse de la forma y del acceder a la encarnación física. En un antiguo zodíaco de la India fechado alrededor del 400 A.C., el signo es representado asimismo por un coleóptero.
Los chinos llamaban a este signo “el pájaro rojo”, pues el rojo es el símbolo del deseo, y el pájaro es el símbolo de esa proyección hacia la encarnación y de su aparición en el tiempo y el espacio. El pájaro aparece bastante frecuentemente en el zodíaco y en las antiguas historias mitológicas; Hamsa, el pájaro de la tradición hindú, “el pájaro fuera del tiempo y del espacio”, permanece igualmente para la manifestación de Dios y el hombre.
Desde la oscuridad, el pájaro cruza como un relámpago y vuela a través del horizonte en la luz del día, desapareciendo nuevamente dentro de la oscuridad. Nuestra palabra “ganso”, viene de la misma raíz sánscrita, a través de los islandeses, y cuando nosotros decimos, “que ganso eres”, estamos haciendo realmente una afirmación de lo más esotérica; le estamos diciendo a otro ser humano: “Eres el pájaro fuera del tiempo y del espacio, eres el alma que toma forma; ¡eres Dios encarnado!”.
El cangrejo vive mitad en la tierra y mitad en el agua. Es, por lo tanto, el signo del alma morando en el cuerpo físico, pero viviendo predominantemen­te en el agua, que es el símbolo de la naturaleza emocional, sensible.
Exotéricamente, Cáncer está gobernado por la luna, que es siempre la madre de la forma, controlando las aguas y las mareas. Por consiguiente, en este signo la forma es dominante, y constituye un obstáculo. El cangrejo construye su casa o caparazón y la lleva sobre su espalda, y la gente nacida en este signo es siempre consciente de lo que ha construido; esas personas son por lo general demasiado sensibles, demasiado emocionales, buscando siem­pre esconderse. El nativo de Cáncer es tan sensible que es difícil de tratar y tan elusivo y a veces tan indefinido, que es difícil comprenderlo o restringirlo. No hay estrellas brillantes en Cáncer, ni estrella descollante o reluciente, porque Cáncer es un signo de ocultación, de retiro detrás de lo que ha sido construido. No es una constelación llamativa. Es interesante observar que no hay una palabra hebrea para “cangrejo”.
Hay ochenta y tres estrellas en este signo, la más brillante de la cuales es de tercera magnitud, y en el mismo centro de la constelación hay un racimo de estrellas: Praesepe, el pesebre, llamada por los astrónomos modernos, “la colmena”. Este es un maravilloso símbolo de la organización colectiva de la familia humana, y es una de las razones por la cual éste es siempre considerado como un signo de la masa. En la masa, el instinto gobierna; por consiguiente, Cáncer es el signo del instinto, de la vida del rebaño, de la reacción de la masa. Representa la mente subconsciente, el instinto hereditario, y la imaginación colectiva. Se sostiene individualmente, para la totalidad de la vida y el conocimiento de las células en el cuerpo, y de esa vida instintiva, colectiva, que es grandemente subconsciente en el hombre, pero la que siempre influencia su cuerpo físico y, subjetivamente, su mente inferior y su ser emocional. El no evolucionado nativo de Cáncer está inmerso en la masa; él es una parte inconsciente del gran todo, y en eso yace el problema; pues la persona término medio de Cáncer, así como el aspirante que está realizando el trabajo de este signo, está sujeta al impulso de elevarse por encima de la masa a la cual está asida por su instinto, y a desarrollar en cambio la intuición, la que así la capacitará para elevarse. Este signo es llamado a veces “el ataúd”, por los hebreos, porque indica falta de identidad, mientras que los primitivos cristianos lo llamaban “el sepulcro de Lázaro”, el cual fue revivido de la muerte. En estas palabras “ataúd”, “sepulcro”, “cangrejo”, y en la referencia  que a veces encontramos de Cáncer como de “la matriz”, tenemos el pensa­miento de la vida oculta, de una forma velada, de la potencialidad, y de esa lucha con las circunstancias que eventualmente producirá, en Leo, el surgi­miento del individuo y, en Capricornio, el nacimiento de un salvador del mundo.
Definitivamente, por lo tanto, este signo retrata la lucha que prosigue en la vida del aspirante para que el instinto pueda dar eventualmente, lugar a la intuición.
Cerca del signo de Cáncer hay dos estrellas brillantes; una llamada Asellus Borealis, o el asno del norte, y la otra, Asellus Australis, o el asno del sur. Conectadas con el signo de Cáncer hay tres constelaciones: la Osa Mayor, la Osa Menor y Aros. Los corrientes nombres occidentales para las dos primeras son Osa Mayor y Osa Menor, pero es uno de los misterios de la astronomía cómo el nombre “osa” llegó a ser asociado con cualquiera de estos grupos de estrellas, pues en los zodíacos caldeo, persa, hindú y egipcio no se encuentra ninguna osa. Los nombres más comúnmente usados son aquellos de “la majada”, o “el rebaño de ovejas”, y se encontrará que un análisis de los nombres hebreo y árabe para las estrellas que están en estas constelaciones, prueba el hecho de que los nombres antiguos significan “el rebaño menor”, “la majada”, “la oveja”, y “el barco”. En el capítulo treinta y cuatro de Ezequiel y en el capítulo décimo de San Juan, es mucho lo que se refiere a estas constelaciones.
La Osa Menor es famosa porque la estrella más brillante en ella es la estrella polar, la estrella del norte. En el simbolismo de estas dos constela­ciones hemos tenido ante nosotros el pensamiento de la masa o del grupo, que es la influencia significativa del trabajo hecho en el signo de Cáncer, y en el simbolismo de la estrella del norte tenemos el pensamiento de una estrella guía, una atracción magnética que guía al peregrino de vuelta al hogar. Muchos esoteristas sostienen la creencia que la familia humana, el cuarto reino en la naturaleza, vino a la existencia gradualmente durante los dos mil años, aproximadamente, cuando nuestro sol estaba en Cáncer.
El pensamiento de una masa de animales, de límites determinados dentro de los cuales estas ovejas o animales estaban confinados, y el pensamiento de un centro magnético de atracción, están simbólicamente pintados para noso­tros también en la tradición masónica. En el planisferio egipcio de Kircher, Argos está representado por dos galeras (así como nosotros tenemos dos rediles), cuyas proas están coronadas por cabezas de carneros, y la popa, de una de ellas, termina en una cola de pez. Adviértase, por lo tanto, como aquí hemos sostenido gráficamente frente a nosotros, la consumación en Capri­cornio, donde la cabra trepa la cima de la montaña. Tenemos también la descripción gráfica de ese ciclo mayor que incluye el progreso del alma desde Cáncer hasta Capricornio, pero que comienza en Aries, el carnero, y termina en Piscis, los peces. Un concienzudo análisis del simbolismo de los signos zodiacales, profundiza en uno la fuerte convicción de la eterna representación de la verdad, y el constante mantenerse ante nuestros ojos, la historia de la evolución de la materia dentro de la forma, del conocimiento, del espíritu y de la vida.
Argos se extiende en todo del camino desde Cáncer hasta Capricornio y es una de las constelaciones más grandes. Tiene en ella sesenta y cuatro estrellas, de la cuales Canopus es la más brillante. Su simbolismo, por consiguiente, abarca la vida del aspirante desde el momento en que encarna hasta que ha alcanzado su meta. Usamos la palabra “barco” bastante frecuentemente en un sentido simbólico, hablando del “barco del estado”, del “barco de la salvación” y comunicando siempre la idea de seguridad, de progreso, y del logro de una salida, del hacer un viaje y de la conducción de una enorme multitud de peregrinos en búsqueda de un tesoro de oro o de un nuevo y más libre hogar.
LEO:

Originalmente el zodíaco consistió sólo de diez constelaciones y, en alguna época prácticamente desconocida, las dos constelaciones, Leo y Virgo, eran un símbolo. Tal vez el misterio de la esfinge está conectado con esto, pues en la esfinge tenemos al león con cabeza de mujer. Leo con Virgo, el símbolo del león o alma real y su relación con la materia o aspecto Madre. Puede, por consiguiente, significar las dos polaridades, masculina y femenina, positiva y negativa.
En esta constelación está la estrella sumamente brillante que es una de las cuatro estrellas reales de los cielos. Es llamada Regulus, el Gobernante, el Legislador, conteniendo en su significado el pensamiento de que el hombre puede ahora ser una ley en sí mismo, pues él tiene dentro de sí, eso que es el rey o el gobernante. Oculto en la constelación hay también un brillante grupo de estrellas, llamado “la hoz”. Para los antiguos iniciados, quienes veían a las constelaciones exteriores como personificaciones de fuerzas y como símbolos de un drama desplegado, tan vasto que ni aún ellos podían comprenderlo, la constelación trasmitía tres pensamientos mayores: primero, que el hombre era el gobernante, el rey, Dios encarnado, un hijo individual de Dios; el segundo, el hombre era gobernado por la ley, la ley de la naturaleza, la ley que él hace para sí mismo, y la ley espiritual a la cual se subordinará eventualmente; tercero, que el trabajo de un individuo es aplicar la hoz y suprimir o derribar aquello que obstaculiza la aplicación de la ley espiritual, y por lo tanto obstruye el florecimiento del alma.
La constelación de Leo tiene noventa y cinco estrellas, dos de las cuales de primera magnitud. Su nombre egipcio, se nos dice, significaba “un fluir” dando el Nilo su más completa irrigación en esta estación.
Esto tiene también un interesante significado esotérico pues, según las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, la familia humana empezó su existencia a través de lo que es técnicamente llamado “la tercera efusión” que era la denominación que se daba a la entrada de una gran marea de almas dentro de los cuerpos animales y, por consiguiente, la formación de la familia humana compuesta de unidades individuales. Otro término técnico para esta tercera efusión es “individualización”, transformándose en un individuo con autoconocimiento, vinculándolo así con los grandes sucesos en el signo, Leo.
Las noventa y cinco estrellas en esta constelación tienen también signifi­cado numérico pues tenemos allí 9 x 10 + 5. Nueve es el número de la iniciación, diez es el número de la perfección humana, cinco es el número del hombre, y así en esta agrupación de estrellas tenemos la historia del hombre, de la personalidad, del iniciado y de su última realización espiritual.
Las Tres Constelaciones Simbólicas
Hay una constelación inmensa llamada Hidra, la serpiente, asociada con el signo Leo. Nosotros encontramos también a Cráter, la copa, y Corvus, el cuervo. Las tres sintetizan en su significado el problema del hombre que está buscando la iniciación. Ellas le describen distinta y claramente el trabajo que tiene que hacer. A medida que Leo, el rey, el alma, empieza su trabajo, él comprende que tiene que beber la copa del sufrimiento y de la experiencia, que tiene que vencer la serpiente de la ilusión y el pájaro de presa para eliminar a Hidra, la serpiente; que en las antiguas pinturas está representada como una serpiente hembra. Abarca más de cien grados y está situada debajo de las tres constelaciones, Cáncer, Leo y Virgo.
En Escorpio, esta serpiente de la materia o de la ilusión, con la cual el alma se ha identificado por tanto tiempo, es finalmente vencida. Tiene sesenta estrellas, y de nuevo hacemos contacto con un número significativo, pues seis es el número de la mente o del trabajo creativo de la Mente universal, y de los seis días de la creación. En el sexto signo, Virgo, tenemos completada la forma. Se nos dice en el Libro de las Revelaciones que la marca de la Bestia es 666, e Hidra, la serpiente, se extiende debajo de las tres constelaciones y su número 6 es, por lo tanto, tres veces potente. Diez es el número de la consumación. El seis expresa, por consiguiente, las limitaciones de la naturaleza corporal trabajando a través de la forma y la utilización de la personalidad; simboliza a Dios en la naturaleza, ya sea cósmica o individualmente. Hidra, la serpiente, representa el aspecto materia, porque vela y oculta el alma.
El Cráter, o la copa, tiene trece estrellas de mediana magnitud y cerca de noventa estrellas pequeñas, aunque algunos libros de astronomía dicen tres estrellas brillantes y noventa pequeñas. Por lo tanto, tenemos nuevamente el número de la materia, o de la toma de forma, y el número de lo que es llamado “apostasía”, y de “el volver la espalda” como lo hizo Judas Iscariote, al alma o al aspecto Cristo. Esta copa forma realmente parte del cuerpo de la Hidra, pues las estrellas del pie de la copa forman parte del cuerpo de la Serpiente y ambas constelaciones las reclaman. Es la copa que todo ser humano tiene que beber, llena de lo que él ha destilado de su experiencia en la materia. Es la copa de la obligación en algunos de los antiguos rituales masónicos, y simboliza el beber lo que nosotros mismos hemos preparado. También, la misma verdad puede ser expresada en las palabras de la Biblia cristiana, “Según un hombre siembre, así cosechará”.
Luego tenemos, en tercer lugar, a Corvus, el cuervo, que está sobre Hidra, la serpiente, y la picotea. Tiene nueve estrellas, otra vez el número de la iniciación. El Antiguo Testamento empezaba con un cuervo, el Nuevo Testamento empieza con una paloma. La experiencia empieza con el pájaro de la materia y termina con el pájaro del espíritu. Es interesante señalar que en Acuario, el consumado signo al que lleva Leo, encontramos a Cygnus, el cisne, el símbolo del ave del espíritu. En La Voz del Silencio leemos: “Y entonces tú puedes reposar entre las alas del gran pájaro. Sí, es dulce descansar entre las alas de aquél que no ha nacido, ni muere, pero que es el Aum a través de las eternas edades”. Y en una nota al pie de la página H.P.B. refiriéndose al pájaro o cisne, cita: “Dice el Rig‑Veda… La sílaba A se considera que es el ala derecha del ave Hamsa, la U su ala izquierda, y la M su cola…”
(Los Chacras, por C.W. Leadbeater)
En el zodíaco de Denderah, Leo y las tres constelaciones acompañantes están representadas como formando un gran signo, pues se ve al león pisando la serpiente. Corvus, el cuervo, está posado sobre el lomo del león, mientras que debajo está una figura emplumada de mujer (de nuevo, el símbolo de la materia) sosteniendo dos copas, pues hay siempre la copa que simboliza la copa de la experiencia, la copa del sufrimiento. La copa, es la copa que se ofrece al iniciado, a la cual Cristo se refería en el Jardín de Getsemaní, cuando imploraba que la copa le fuera apartada, pero de la cual terminó bebiendo.
VIRGO :

Las tres constelaciones en estrecha proximidad a la de Virgo son: La Cabellera de Berenice, la madre de la forma solamente; El Centauro, el hombre cabalgando sobre un caballo o el caballo con cabeza y torso de hombre, representando al ser humano, pues el hombre es un animal además de un dios. Esta es la más baja de las constelaciones y es notable que Hércules, aunque había pasado a través de cinco Portales, fracasara en el sexto Portal, y tuviera que empezar nuevamente desde abajo, y hacer reparación por su falta de amor y comprensión. Esto sucede a menudo a los discípulos avanza­dos. La tercera constelación conteniendo promesa del futuro es Bootes, “el que viene”, el salvador en Piscis, quien libera a la humanidad de la subordi­nación a la forma.
La misma Virgo es una constelación en forma de copa con tres estrellas principales delineándola, la copa de la comunión, de la cual Cristo dijo: “Beban todos ustedes de ella”; en su significado superior, el Santo Grial. La estrella más brillante es Spica, que significa “la espiga de cereal”. Cristo nació en Belén, que significa “la casa del pan”. Nosotros decimos, “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”, el maná, el pan del cielo, o el pan y el vino de la comunión.
LIBRA :

Hay tres constelaciones en Libra, todas de especial interés. Primero está la Cruz del Sur que nunca ha sido vista en el hemisferio norte desde los tiempos de la Crucifixión, cuando fue vista en Jerusalén. Ahora la Cruz que aún se divisa en el hemisferio sur se está alejando. Tratemos de entender la presentación dramática de este gran símbolo. Cuatro estrellas brillantes forman esta cruz; cuatro, el número del aspecto material del hombre, el cuaternario. La Cruz del Sur, el cuaternario, se está alejando. El mismo simbolismo se ve en Géminis, con Cástor y Pólux. Cástor, simbolizando la inmortalidad, se está volviendo más brillante y Pólux, la mortalidad, se está oscureciendo. La cruz se está retirando, y esta promesa está en Libra, llamada la puerta abierta a Shamballa, el signo en el cual se encuentra “el sendero angosto, como el filo de la navaja” que conduce al hombre al reino del alma.
La segunda constelación es la de Lupus, el lobo. A través de las edades, la cabeza del lobo ha sido el símbolo del iniciado. Pero es un lobo moribundo, y la naturaleza del lobo que ha devorado la naturaleza del alma hasta ahora, es simbolizada como desapareciendo, pues a medida que el hombre logra el equilibrio, la actividad y el poder del lobo desaparecen.
La tercera es la Corona, la corona sostenida delante del hombre trabajando en Libra. El símbolo está basado en la historia de Ariadna, el aspecto madre, a quien Baco le dio una corona de siete estrellas, símbolo del segundo aspecto de la divinidad que glorifica la materia haciéndola la expresión de la mente divina.
LIBRA : Hay tres constelaciones en Libra, todas de especial interés. Primero está la Cruz del Sur que nunca ha sido vista en el hemisferio norte desde los tiempos de la Crucifixión, cuando fue vista en Jerusalén. Ahora la Cruz que aún se divisa en el hemisferio sur se está alejando. Tratemos de entender la presentación dramática de este gran símbolo. Cuatro estrellas brillantes forman esta cruz; cuatro, el número del aspecto material del hombre, el cuaternario. La Cruz del Sur, el cuaternario, se está alejando. El mismo simbolismo se ve en Géminis, con Cástor y Pólux. Cástor, simbolizando la inmortalidad, se está volviendo más brillante y Pólux, la mortalidad, se está oscureciendo. La cruz se está retirando, y esta promesa está en Libra, llamada la puerta abierta a Shamballa, el signo en el cual se encuentra “el sendero angosto, como el filo de la navaja” que conduce al hombre al reino del alma.
La segunda constelación es la de Lupus, el lobo. A través de las edades, la cabeza del lobo ha sido el símbolo del iniciado. Pero es un lobo moribundo, y la naturaleza del lobo que ha devorado la naturaleza del alma hasta ahora, es simbolizada como desapareciendo, pues a medida que el hombre logra el equilibrio, la actividad y el poder del lobo desaparecen.
La tercera es la Corona, la corona sostenida delante del hombre trabajando en Libra. El símbolo está basado en la historia de Ariadna, el aspecto madre, a quien Baco le dio una corona de siete estrellas, símbolo del segundo aspecto de la divinidad que glorifica la materia haciéndola la expresión de la mente divina. (Según A.A.B..)
Como con todo lo de Libra, las interpretaciones y comprensión de las constelaciones son difíciles, pero estimulantes de la reflexión. Si los datos parecen escasos y vagos, es tal vez nuevamente representativo del interludio del Libriano, al que uno de los Maestros de Sabiduría ha llamado “el maestro de la tierra de nadie”. Así sólo podemos reflexionar, recordando cómo el lobo aparece como el animal que amamantaba a Rómulo y Remo; y fue el feroz animal al que San Francisco de Asís amansó por el amor que sentía por él, y el sentimiento de unidad con él.
“Libra es un signo de aire y está en la cruz cardinal que gobernará al próximo sistema solar, y en este sistema gobierna el sendero de la iniciación, que es hollado por la flor de la raza”. Otra vez el misterio cubre con un velo para que nosotros encontremos al signo difícil de comprender. Pero los principios fundamentales del signo son claros, y sencillos: hablan derecho al corazón y sin oscuridad. Para el hombre medio, con no desarrollado conocimiento espiritual la palabra acude una y otra vez a través de los eones: “Y el Verbo dijo: que se haga la elección.” La respuesta eventualmente vuelve como un resultado del proceso evolutivo y desde el alma. “Yo elijo el camino que conduce entre las dos grandes líneas de fuerza”.
(Astrología Esotérica, pág. 175).
ESCORPIO :

En el corazón de Escorpio encontramos a Antares, una de las cuatro estrellas reales, una estrella roja. Rojo es el color del deseo, y ésta es la estrella más roja en los cielos, ella simboliza ese rojo del deseo que sostiene toda manifestación de la vida divina.
En Géminis, en la recolección de las manzanas de oro, Hércules luchó también con Antares. Aquí nuevamente en Escorpio tenemos que luchar con la estrella roja. ¿Por qué? Porque el problema de la humanidad en este nuestro gran sistema solar, es el de la atracción entre los opuestos (signifi­cando el deseo). Siempre hay dualidad, lo que es deseado y el que desea. Aquila, el águila, es intercambiable con Escorpio. El águila tiene mucho que ver con los Estados Unidos y la flecha de Sagitario, el signo siguiente, es también dominante en el sello de los Estados Unidos. Aquila, el águila, es el pájaro fuera del tiempo y el espacio, y así como Hércules lucha con la hidra que ve arriba, ve al águila, y se le recuerda que él ha venido a la encarnación y que retornará al lugar de donde vino.
Hay tres constelaciones conectadas con este signo que son sumamente interesantes. Primero, está Serpens, la serpiente de la ilusión, la serpiente con la que nos encontramos en el Génesis, que engañó a Eva. La segunda es Ophiuchus, el hombre que lucha con la serpiente. El antiguo zodíaco representa a la serpiente en las manos de este hombre. Él la apresa con ambas manos y pisa sobre su corazón, que es la estrella roja del deseo. Mientras hace esto, mira hacia la constelación que vemos en Libra, la corona. Así, tenemos la personalidad, simbolizada por Ophiuchus, luchando con la serpiente de la ilusión, con la corona a la que él aspira, sostenida delante suyo.
La tercera constelación es llamada Hércules y representa al aspirante, mirando no a la corona sino al águila. Aquila. La personalidad mira la corona pero dice: “Estoy pasando por un momento muy difícil, mi ambiente está en mi contra, las condiciones de mi hogar son penosas, pero algún día obtendré una corona”. Hércules, el discípulo, no está interesado en la corona, está mirando al águila, el aspecto espíritu. Está ocupado con ese maravilloso símbolo de luz que brota, que hace posible toda victoria.
Mantén tu ojo en el águila; haz descender el fuego; no mires a la tierra; céntrate en la divinidad.
SAGITARIO :

Hay tres constelaciones conectadas con este signo, las tres más hermosas. Lyra, el arpa de siete cuerdas. El aspirante aprende a tocar en el arpa y hace música con su vida.
Ara, el altar, porque el aspirante lo coloca todo sobre el altar, no con el espíritu de triste renunciación, asegurándose a sí mismo que es un perfecto miserable, sino con un espíritu de “no hay nada más que hacer. Me estoy desprendiendo de estas cosas para poder servir más perfecta y completamente”.
Draco, la serpiente. Nosotros encontramos a la hidra, la serpiente, en Géminis; ahora encontramos a Draco, la serpiente de la sabiduría.
La música en la vida de la armonía, los sacrificios en las reacciones y los deseos de la personalidad, y la sabiduría.
Y cerniéndose encima otras dos constelaciones: Aquila, el espíritu: y Cygnus, el alma.
CAPRICORNIO :

Hay tres constelaciones conectadas con el signo de Capricornio. Una es llamada Sagitta, la flecha. No tiene conexión con el signo de Sagitario. En ese nosotros teníamos al arquero con la flecha, con la cual el aspirante realizado atravesaba la personalidad. Aquí tenemos la flecha que viene de una fuente cósmica, atravesando el corazón del hijo de Dios, llamado el Cristo, el más cercano a nosotros de los grandes salvadores del mundo, “un hombre de infortunios y familiarizado con el dolor”. Él estaba atravesado por la flecha Sagitta, la flecha cósmica.
El nombre hebreo para esta flecha significa “el desolado”, y el sendero que todo discípulo huella es necesariamente solitario. El sendero del iniciado es aún más solitario. El sendero de un salvador del mundo es el más solitario de todos. Yo pienso que esta condición va a ser aliviada. A través de los años hemos tenido estas tremendas manifestaciones, una aquí, una allí. ¿Has considerado alguna vez la soledad de ellos? No había nadie que entendiera. Tal vez ellos fueron canonizados cientos de años después de que murieron. Pero ahora hay tantos aspirantes, tantos en el sendero del discipulado, que tal vez la conciencia de grupo que está empezando a ponerse de manifiesto en los asuntos del mundo, resultará en una soledad grupal más bien que en una soledad individual.
Aquila, el águila, es vista como estando tan estrechamente relacionada a Capricornio como a Sagitario. Tenemos el pájaro de luz (símbolo del más alto aspecto del hombre) manifestándose como el alma (el segundo aspecto) que se ha realizado.
En Delphinus, tenemos una constelación muy interesante, que contiene en sí un sorprendente simbolismo. Es representada en un antiguo zodíaco como un pez lleno de vida, saltando fuera del agua en el aire y jugando. Ese es el símbolo del hijo de Dios, quien trabajando bajo la ley, toma forma y vive en el agua y en el aire; y no siendo limitado por la ley física, puede jugar con las fuerzas de la naturaleza. Estamos empezando a aprender acerca de estas fuerzas, pero todavía pasará un tiempo antes de que Delphinus, el delfín, tenga mucho significado personal para nosotros.
ACUARIO :

Hay tres constelaciones en Acuario. El Pez del Sur, Piscis Austral, repre­sentando en conexión con Acuario, a los próximos salvadores del mundo. Adviertan que aquí, en la culminación de Piscis, tenemos un pez, el avatar, no los dos peces atados juntos. La segunda constelación es Pegasus, el caballo alado, siempre el símbolo inspirador de la mente superior, del amor, menospreciando la tierra en su elemento, el aire. En el nivel inferior, recordamos los pies alados de Mercurio, siempre las alas de la mente, recordando también que una definición del amor es “la fría, clara luz de la razón”. La tercera constelación toma aún un vuelo más amplio, pues tenemos a Cygnus, el Cisne, volando en medio del cielo. El cisne de la eternidad, volando en el tiempo y en el espacio, es el símbolo de la vida misma, la purificación, limpiando “las aguas vivientes” de Acuario.
PISCIS :
La primera constelación en Piscis es ese curioso racimo de estrenas llamado “La Faja”, conectando los dos peces, un pez dirigido hacia el norte y otro nadando en el horizonte. El pez dirigido directo hacia el norte es el símbolo del aspirante a los misterios, mientras que el pez en el horizonte representa a la persona común.
La segunda constelación es Andrómeda, la mujer encadenada. Tenemos tres mujeres entre las constelaciones, Casiopea en Aries, representando al alma recién empezando a afirmarse. Andrómeda, la mujer encadenada, en Piscis representa la materia subyugada.
La tercera constelación en Piscis es el Rey llamado Cefero, el esposo de Casiopea y padre de Andrómeda. Esto sugiere que “El Rey” representa el Espíritu o el aspecto Padre.
#policiaucranianaxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Policia Ukraniana manteniendo a un manifestante  Anti-sistema desnudo a -15ºC, delante de una cámara, en las protestas de Ukrania´2014.Bravo!, estáis luchando por todo el Planeta, Spasiba!!!!.La Resistencia Continua!!!….hehe!!!.
 IV-5-15 : “THE COMMANDER SAYS RISES AGAIN” :…..
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aurelio.pat1320@gmail.com
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comentários
  1. […] #”LOS DEFENSORES DE EPSYLON” (XVII). […]
    Curtida
  2. xenomind disse:
    Republicou isso em xenomind.
    Curtida

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